...Ahí estaba, tomando el sol del otoño en la mañana del 1º domingo de octubre...se llamaba Eulalio Barroso, pero todos le llamaban Carrete.......ahí estaba, como un anciano que se calienta la espalda para empezar a caminar...como si el sol le diese la energía suficiente, como si cargase pilas para afrontar el día que le quedaba por delante...
...allí sentado en la silla se acordó de los días en la sierra...de la falta de comida...de las mañanas de niebla en la frontera con Portugal...del invierno que pasaron en el Jerte...de los días de exilio en Francia...de los que no estaban...
...se acordó de las huidas...de los caminos y las sendas...de la espera en las emboscadas....se acordó del sonido de las balas y del calor de los cañones de sus armas......
...se acordó de los que faltaban...y sin darse cuenta, lloró con lágrimas mudas y secas, de esas que caen por dentro e inundan el alma...de esas que nos llenan el cuerpo de penas...de esas que no se ven...
Jesús Alonso Cañamares